¿Cómo sobreviven los animales al invierno?

El clima se vuelve más frío, los días se hacen mucho más cortos y las hojas ya han desaparecido de los árboles. El invierno llega como una apisonadora y lo cambia todo en pocas semanas. Nos obliga a recluirnos en casa y a poner la calefacción, a vestir ropas mucho más gruesas e incluso cambia nuestros hábitos alimenticios.

¿Cómo sobreviven los animales al invierno?
¿Cómo sobreviven los animales al invierno?

Pero… ¿y los animales? ¿Qué hacen para sobrevivir al invierno en la naturaleza? ¿Cómo soportan nuestras mascotas el frío? ¿Con qué enfermedades hay que tener más cuidado en las estaciones más frías?

A estas y otras preguntas respondemos a continuación, analizando las adaptaciones y las costumbres que tienen los animales para sobrellevar la temporada más fría del año.

Migración de los animales en invierno

La migración es un proceso por el cual, durante la estación fría, algunos animales se desplazan hacia zonas más cálidas en las que la temperatura es más soportable y pueden encontrar comida con mayor facilidad.

Es el caso de algunas aves tan comunes como las grullas o las cigüeñas blancas. En primavera y verano estas aves habitan en Europa y con la llegada del frío se desplazan a zonas de África central y meridional.

El proceso de migración no es igual para todas las aves. Hay algunas que viajan en solitario y otras lo hacen en grandes bandadas. Hay otras, como los colibríes, que se desplazan durante la noche mientras que otras como las rapaces (buitres, gavilanes o águilas, por ejemplo) lo hacen de día.

Estas últimas, que son de mayor envergadura, suelen aprovechar las corrientes de aire caliente para reducir el esfuerzo durante los vuelos. Estas corrientes térmicas se forman únicamente sobre tierra y no sobre los mares, por lo que no pueden atravesar grandes masas de agua como el Mediterráneo. Buscan, por lo tanto, zonas con poca distancia entre las orillas, por lo que es frecuente ver aves migratorias de este tipo sobre estrechos como el de Gibraltar o el del Bósforo, en Turquía.

¿Cómo saben los animales cuando tienen que migrar? Es algo todavía en estudio, pero todo apunta a que su instinto responde a ciclos anuales que tienen en cuenta la cantidad de luz solar o el tiempo atmosférico. Es por ello que, en ocasiones, se dan casos de animales que, debido a los cambios bruscos en los climas por efecto del cambio climático, se desorientan y acaban en lugares diferentes de su destino natural.

Hemos hablado de las aves, pero además de ellas también hay otras especies de animales que migran. Es el caso de mamíferos como algunos murciélagos, los caribús o los alces. También las ballenas o las focas viajan en busca de comida cada invierno, regresando de nuevo a su origen para reproducirse.

Incluso algunos insectos migran. Algunas especies de mariposas vuelan durante largos periodos en busca de un clima más propicio. Por ejemplo, las mariposas monarcas (Danaus Plexipuus), pasan el verano en zonas de Canadá y en el Norte de Estados Unidos (las Montañas Rocosas es una de las grandes reservas de esta especie). Sin embargo, cuando llega el invierno, vuelan hasta la región de México y Centroamérica. Es un caso excepcional en los insectos, ya que la mayoría se desplazan en distancias mucho menores. Otros insectos como algunas especies de escarabajos, de termitas o de lombrices simplemente se esconden bajo tierra, a una profundidad mayor de la habitual escapando de la fría superficie.

Adaptación de los animales en invierno

Algunos animales se resisten a desplazarse y tratan de adaptarse a las duras condiciones del invierno y a los bruscos cambios de temperatura. A muchos les crece un nuevo pelaje que les sirva de abrigo, incluso para que les proteja de los depredadores.

Los animales que no migran tratan de adaptarse al medio como lo haríamos los humanos. Un buen ejemplo son los pingüinos emperador, que viven durante todo el año en la Antártida. Cuando llega la temporada más fría y el clima empeora (precipitaciones, grandes rachas de viento…) se unen en grandes grupos para mantener el calor unos junto a otros. Por turnos van rotando su posición y los que están en la parte exterior, más expuestos al frío pasan a ocupar la posición central, más protegidos. También los adultos protegen a las crías con sus propios cuerpos. Observar estos grandes grupos de pingüinos puede ser espectacular, puesto que pueden concentrarse cientos y cientos de ejemplares.

Otra forma de adaptación son los cambios corporales. Muchos animales, como las focas, se alimentan en exceso durante el otoño para acumular grasa que les sirva de abrigo y de reserva alimenticia durante el invierno.

Otros, como mencionábamos más arriba, cambian su pelaje para adaptarlo a las nuevas condiciones. Al zorro ártico, por ejemplo, le crece pelo en las patas que le ayuda a desplazarse con más rapidez en la nieve. El armiño es otro de los clásicos de la adaptación. Con la caída de las primeras nieves, los armiños cambian su chaqueta y abandonan su característico color marrón para convertirse en blancos. Este cambio de pelaje favorece su camuflaje en zonas nevadas. Las aves también tienden a ahuecar sus alas, captando pequeñas bolsas de aire que les ayudan a mantener el calor corporal.

También la comida resulta más difícil de conseguir en invierno. Animales como las ardillas o los pequeños ratoncillos del bosque tratan de almacenar comida durante el otoño en sus madrigueras. Otros cambian su dieta dependiendo de la estación del año. Es el caso del zorro rojo, que, aunque generalmente se alimenta de carne (pequeños y medianos mamíferos, carroña, etc.) también come bayas o frutas cuando escasean las presas.

Hibernación de los animales en invierno

La hibernación de los animales durante el invierno es el proceso de adaptación más complejo. A veces nos resulta difícil entender como un ser vivo puede permanecer dormido durante semanas y despertarse cuando ha pasado el frío. Sin embargo, es un proceso que utilizan muchas especies animales para soportar las bajas temperaturas.

Durante la hibernación, la temperatura del cuerpo de los animales desciende, y los latidos de su corazón y su respiración se ralentizan, consumiendo mucha menos energía. En el otoño, los animales que hibernan se preparan para el invierno ingiriendo más comida y almacenándola como grasa corporal (un proceso denominado hiperfagia), que les servirá como alimento para su metabolismo durante el largo descanso invernal.

El caso más conocido es el de los osos, pero hay muchos otros animales que hibernan.
Los osos preparan a conciencia este periodo, buscando un buen lugar para hibernar, que generalmente es una cueva en un lugar inaccesible o muy oculto. En España, en la zona la cordillera Cantábrica, el 80% de los lugares de hibernación de los osos son en cuevas naturales y apenas un 20% los constituyen los agujeros que ellos mismos cavan para guarecerse.

En el caso de estos animales, el proceso de hibernación supone que el ritmo cardiaco desciende notablemente, desde las 40-50 pulsaciones por minuto hasta las 10 pulsaciones por minuto. La temperatura corporal también desciende alrededor de 4 o 5 grados y la respiración se reduce a la mitad. (Más información sobre la vida de los osos en este enlace)

Pero… además de los osos ¿qué otros animales hibernan? Pues muchos otros pequeños mamíferos, como las marmotas, las ardillas, los tejones, las mofetas, los mapaches o los murciélagos. Por supuesto, no todos tienen los mismos hábitos e hibernan de formas diferentes. Las mofetas, por ejemplo, pueden permanecer en sus madrigueras en estado de letargo cuando hace más frío, aunque se despiertan si necesitan ingerir alimento para volver a dormir.

Los procesos de hibernación dependen, fundamentalmente, de la temperatura del exterior. Así, igual que hablábamos más arriba de los animales que se desorientan en sus procesos migratorios debido al cambio climático, la hibernación de algunas especies también puede verse alterada si la temperatura de una determinada zona aumenta.

¿Cómo saben los animales cuál es el momento de hibernación y cuando deben despertarse?

Esta pregunta sigue trayendo de cabeza a los científicos y no es fácil obtener una respuesta clarificadora. Las últimas investigaciones apuntan a que los animales que hibernan tienen en su sangre una sustancia denominada HIT (Hibernation Induction Trigger), una especie de opiáceo semejante a la morfina que se activa cuando se dan las condiciones físicas oportunas.

La importancia de comprender con certeza cómo funciona este proceso podría ser de gran utilidad para la ciencia, no sólo para entender el funcionamiento de los organismos animales sino para utilizar este componente exclusivo de los hibernadores en aplicaciones médicas como los trasplantes de órganos.

De hecho, desde hace varios años se experimenta inyectando los inductores de la hibernación en órganos para trasplantes, consiguiendo alargar su vida fuera de un organismo. Estudios como el de los investigadores de la Universidad de Alaska Fairbanks y la Universidad de Duke, publicado en Junio de 2016 y titulado “Proteomic Profiling Reveals Adaptive Responses to Surgical Myocardial Ischemia–Reperfusion in Hibernating Arctic Ground Squirrels Compared to Rats.”, caminan en esa dirección.

Otras formas de supervivencia de los animales al invierno

Además de estas formas de soportar el invierno, hay otros animales que adoptan otras medidas para protegerse. Los llamados animales de “sangre fría”, como los peces, las ranas, las serpientes pasan el invierno en lugares resguardados como pequeñas cuevas y agujeros.

No todas las especies lo hacen, pero muchas de ellas se mantienen durante el periodo más frío en un estado similar a la hibernación. Se puede observar este mismo proceso en las tortugas que muchas personas tienen en sus casas como mascotas. Durante el invierno, pasan la mayor parte del día durmiendo y apenas comen.

El agua es también un magnífico refugio para muchos otros animales. Cuando el clima se vuelve más frío, buscan las orillas de los lagos y charcas. Es lo que hacen las ranas y otros pequeños anfibios. Aprovechan estas zonas para guarecerse en pequeños recovecos, bajo las hojas caídas de los árboles o incluso enterrándose en el barro. El agua fría retiene más oxígeno que el agua caliente y pueden respirar a través de su piel con mayor facilidad.

Por último, cabe mencionar el proceso que experimentan algunos insectos. Determinadas especies de arañas, de orugas o de ciempiés, por mencionar solo tres ejemplos, mueren antes de iniciar el invierno después de haber puesto huevos. Con la llegada de la primavera y una temperatura más agradable, las nuevas crías nacen y su ciclo comienza de nuevo.

¿Cómo les afecta el invierno a las mascotas que tenemos en casa?

La bajada de temperaturas del invierno afecta también a nuestras mascotas domésticas. Repasamos a continuación algunos de los problemas con los que nos podemos encontrar:

  • Cambios en la alimentación: ya hemos mencionado más arriba que algunos animales como las tortugas o algunos reptiles (como las iguanas o los camaleones) apenas comen durante el invierno. Entran en un proceso semejante al de la hibernación, aunque no tan profundo, que les permite pasar los meses de invierno sin consumir apenas energía y, por lo tanto, sin alimentarse. En el caso de otros animales, como perros o gatos, el proceso puede ser a la inversa. Algunas razas de estas especies pueden necesitar ingerir más alimento en invierno, especialmente si se trata de perros muy mayores o de cachorros que tienen un gran consumo energético porque son muy activos.
    Una mayor cantidad de alimento puede ayudarles a contrarrestar la demanda energética de sus cuerpos ante la necesidad de generar más calor. A pesar de todo, no todas las razas sufren estos cambios alimenticios, por lo que no está de más consultar con nuestro veterinario sobre las necesidades de nuestro animal.
  • Cambios en el comportamiento: la llegada del frío nos obliga a permanecer más tiempo en el interior de nuestras casas y eso puede afectar al estado de ánimo de nuestras mascotas. Un perro acostumbrado a salir varias veces al día puede sentirse agobiado si las salidas se reducen repentinamente y puede cambiar su comportamiento. De la misma manera ocurre en otros animales que necesitan salir al exterior, como gatos, conejos, cerdos vietnamitas o hurones.
  • Cambios en el sueño: debemos tener presente que las mascotas que viven en el exterior de nuestras casas necesitan una protección mayor en el invierno. Si sus casitas o sus lugares de descanso al aire libre no están bien acondicionados puede que no descansen bien y que acabe afectando a su salud. La solución es preparar un lugar o una pequeña casa impermeable, seca, ventilada y elevada sobre el suelo para evitar que se filtre la humedad.
  • Cambios en sus instintos: hay quien alimenta a sus mascotas con piensos o con alimentos preparados para ellas, mientras que hay otras personas que, además de proporcionarles alimentos, dejan que sus animales sigan sus instintos y consigan por sí mismos algo de comida. Los gatos, por ejemplo, son buenos cazadores y pueden encontrar comida fácilmente a base de pajarillos o pequeños roedores. También los mapaches tienen un buen instinto para encontrar su propio alimento, como frutas o bayas, por ejemplo. El problema es que en invierno las fuentes de alimento desaparecen. Las presas se esconden en sus madrigueras y la posibilidad de encontrar frutos silvestres se reduce hasta la llegada de la primavera. Por todo ello, conviene pensar qué necesidades alimenticias tiene nuestra mascota y si debemos suplir sus carencias en el exterior con comida preparada por nosotros en casa.

¿Qué mascotas que más sufren el invierno?

Listamos a continuación algunas de las mascotas que más sufren con el frío y que, por lo tanto, requieren de mayores cuidados:

  • Los perros: especialmente los que tienen más edad y los cachorros más pequeños. Estos dos grupos son los más vulnerables frente a enfermedades de las que hablaremos más abajo. También las razas de pelo corto necesitan de cuidados más intensos, ya que están más expuestos al frío. Muchas de estas razas, como los Beagle, los Chihuahua, los Teckel o los Bulldog francés suelen necesitar ropa de abrigo si salen a la calle con temperaturas bajas.
  • Las tortugas: pueden sufrir si se les molesta durante sus periodos de letargo, ya que durante esos periodos son muy sensibles a los cambios de luz, de ruido y de temperatura.
  • Serpientes y otros reptiles: los reptiles son especialmente sensibles a los cambios de temperatura, por lo que si tenemos en nuestra casa una serpiente, un lagarto, una iguana o cualquier otro reptil como mascota deberemos tener muy controlada la temperatura de su terrario, para que sea lo más homogénea posible.
  • Arañas, tarántulas y escorpiones: estas mascotas exóticas sufren de manera semejante a los reptiles los cambios de temperatura y de luz. Sus terrarios en invierno deben estar en lugares protegidos, menos expuestos a los cambios y a la humedad.
  • Los cerdos vietnamitas y otras razas de mini-cerdos: a estos animales les encanta corretear en una zona amplia de jardín, revolcarse en barro y cavar agujeros. En invierno, estas costumbres pueden producirles heridas e infecciones que pueden desembocar en algo más grave, por lo que conviene mantenerlos limpios y con las patas y los hocicos sin heridas que puedan agrandarse.
  • Los caballos: por lo general, los caballos son animales que resisten bien el frío y que pueden hacer una vida “normal” aunque en el exterior haya nieve o hielo. Sin embargo, hay que tener cuidado con los esfuerzos que realizan durante esta temporada. Hay que evitar que su cuerpo se caliente en exceso y se enfríe de repente, y también hay que tener cuidado por las zonas por las que se cabalga para evitar lesiones en la nieve o en el hielo.

Principales enfermedades que sufren las mascotas en invierno

Hablamos a continuación de las principales enfermedades que afectan a las mascotas con más virulencia durante el invierno:

  • Enfermedades respiratorias: como en el caso de los humanos, las afecciones del sistema respiratorio son más frecuentes cuando se dan temperaturas bajas. En el caso de los perros, las más comunes son la bronquitis, la faringitis, la laringitis o la pulmonía, entre otras. Son enfermedades que pueden afectar también a otras especies de mascotas, por lo que cuando se detectan los síntomas, que suelen ser semejantes a los de los humanos (tos, secreciones nasales, dificultades respiratorias, cambios de temperatura, etc.) conviene acudir al veterinario para que le administre la medicación necesaria. En ningún caso es recomendable automedicar a nuestra mascota y mucho menos con medicamentos para humanos.
  • Lesiones de la piel: como en el caso de los humanos, los animales también necesitan proteger su piel del mayor peligro, el sol. Durante el invierno, las zonas nevadas reflejan hasta un 90% de la radiación solar, lo que puede ser muy perjudicial para la piel y los ojos de tu mascota. En el caso de los animales que tienen almohadillas en sus patas, como perros o gatos, conviene hidratarlas bien después de que nuestra mascota pise la nieve, para evitar laceraciones y cortes. También los caballos necesitan cuidados específicos para prevenir enfermedades cutáneas, como la dermatofilosis o la estreptotricosis, una dermatitis que puede resultar muy dolorosa para el animal.
    En el caso de la nieve, protege a tu mascota como te protegerías tu mismo, abrígala, evita que se exponga a las quemaduras de la nieve y evita que pueda lesionarse o quedarse atrapada.
  • Pulgas y garrapatas: estos pequeños y molestos animalitos encuentran su temperatura óptima de vida entre los 20 y los 25ºC, una temperatura que está presente en muchos hogares durante el invierno, aunque en el exterior haga más frío. Por ello, conviene mantener a nuestra mascota protegida también en estas fechas dentro de nuestros hogares.
  • Dolores articulares: es otro de los problemas que también comparten con los humanos. Las personas mayores son las que más sufren los cambios de temperatura en sus cuerpos, puesto que sus músculos se contraen, sus articulaciones se mueven más despacio y su movilidad se reduce. A los animales, especialmente a los de más edad y a los cachorros, les ocurre algo semejante, por lo que conviene abrigarles bien para impedir lesiones musculares y articulares.
  • Problemas intestinales: hay quien, con motivo de la llegada de la Navidad, aprovecha para cambiar su propia dieta y también la de sus mascotas. Los “excesos navideños” pueden causar problemas digestivos a nuestros animales, por lo que conviene evitar que coman alimentos que no consumen durante el resto del año (restos de mariscos, de carnes como el pavo, etc.)
  • Hipotermias: no es una enfermedad como tal, sino un proceso que puede acabar en la muerte de nuestra mascota si no se coge a tiempo. La hipotermia es un descenso de la temperatura corporal, causada por una exposición larga al frío. En un primer nivel puede causar cansancio y abatimiento, así como temblores en todo el cuerpo. Si la hipotermia no se corrige puede causar parálisis musculares y una disminución de los latidos del corazón y de la respiración, hasta que finalmente el animal muere. El peligro de las hipotermias hace imprescindible que revisemos frecuentemente el estado de nuestra mascota, especialmente si vive en el exterior.

Consejos para la seguridad de las mascotas en invierno

A continuación te proponemos una serie de consejos para proteger a tus mascotas del frío:

Mantén a tus mascotas en el interior todo el tiempo posible. Cuando estén fuera mantente junto a ellas, y considera que cuando tu sientes la necesidad de volver al interior de casa ellas también necesitan regresar.

Asegurate de que tus mascotas tienen acceso a agua fresca y limpia. Si no pueden beber agua limpia acabarán bebiendo otros líquidos que pueden ser perjudiciales para su salud, como aceite, productos químicos o aguas contaminadas.

El frío también puede afectar a la salud de tu mascota. Puede agravar problemas o enfermedades como la diabetes, los problemas cardíacos o los desequilibrios hormonales. Así que si tu mascota tiene un problema de salud, vigílalo de cerca y acude a hacerle revisiones habitualmente.

Los animales más jóvenes y los más viejos son los más vulnerables al invierno. Si tienes una mascota muy joven o muy vieja, presta especial a sus necesidades mientras haga frío. Las más viejas pueden sufrir artritis, una enfermedad que se agrava con las bajas temperaturas.

Mucho cuidado con las placas de hielo. Es conveniente salir con tu mascota atada para evitar situaciones peligrosas con zonas heladas, como lagos o charcas, donde los animales pueden resbalarse o ahogarse.

El hielo puede quemar las patas de los animales. Como mencionábamos más arriba, las almohadillas de algunos animales como los perros o los gatos pueden sufrir si se exponen durante demasiado tiempo al frío. El hielo las quema, las agrieta y hace que se creen heridas muy dolorosas. El mejor remedio es secarlas con una toalla cuando se vuelve a casa.

Precaución con los grandes bloques de nieve. En ocasiones, los animales no advierten el peligro y pueden quedar atrapados en la nieve o en huecos que no se ven a simple vista. Si hay grandes acumulaciones de nieve, mantén a tu mascota siempre a la vista.

Revisa el coche antes de arrancar. Los animales buscan fuentes de calor y el motor de los vehículos suele ser una de sus favoritas. A veces simplemente se tumban encima del capó o se colocan debajo, pero algunos animales como los gatos se cuelan en el interior del motor, por lo que no está de más revisar esta parte del coche antes de arrancar. Así evitaremos una sorpresa desagradable.

Esperamos que este artículo te haya ayudado a resolver tus dudas y a proteger a tus mascotas durante el invierno. Recuerda que, por encima de las modas, lo más importante es su salud. Pero por si quieres todavía más información y proteger también a tu mascota del calor intenso de cada verano, échale un vistazo a: ¿Cómo sobreviven los animales al verano?

Y si tienes una mascota exótica, o estás pensando en adquirir una, no te pierdas nuestras guías con información sobre todo tipo de mascotas, sus cuidados, sus riesgos y sus ventajas. En ellas encontrarás claves para cuidar a una serpiente, una tarántula, un cerdo vietnamita o un mapache, entre muchas otras. Accede a nuestras guías con más información sobre mascotas.

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